viernes, 4 de julio de 2014

Los volantes de tu boca




 Un día, cuando el bolero te empalague y el tango me agote
cuando el pop te parezca flojo y el heavy me chirríe
cuando el rap te atropelle y el blues no me llegue... 
ese día te querré por bulerías. 
Y a los volantes de tu boca le faltarán los lunares de mis ojos.  

viernes, 6 de junio de 2014

Jacaranda

Recuerdo perfectamente la primera bofetada de mi padre. Tenía 4 años y estaba en el baño, con los labios mal pintados y una toalla sobre la cabeza con la que imaginaba que tenía una larga melena. Con el cepillo de pelo de mi madre a modo de micrófono jugaba a ser cantante de unas canciones que hablaban de amor en un italiano inventado. Un día mi padre entró sin llamar y al ver esa escena ridícula se quedó atónito. Con la cara desencajada me pegó una bofetada tan fuerte que aun me duele. Nos quedamos paralizados, mirándonos. No sé quién de los dos tenía mas miedo. Entonces me cogió literalmente de un puñado y me arrojó a los pies de mi madre: “Ahí tienes a tu hijo, te ha salido maricón” dijo marchándose al bar dando un portazo.

Mi padre nunca volvió a hablarme con normalidad y mientras yo seguía jugando a escondidas a ser quien me sentía de verdad, él seguía empeñado en esa tarea tan cruel como inútil de enderezarme a base de insultos y bofetadas. Me prometí a mi mismo no llorar delante de él y lo cumplí, por fuerte que fuera el golpe o por mucho que dolieran sus palabras. Ya lloraba lo suficiente a solas, frente al espejo, mientras veía mi cuerpo como un disfraz elegido por error en una grotesca fiesta de carnaval.

Llegarían otros insultos en el colegio, más golpes en el instituto, susurros entre risas en la taberna e incluso alguna pedrada en el baile de las fiestas del pueblo. Pero yo seguía sin llorar, como una especie de victoria personal en esa lucha por no pagar por un error que no era mío.

Cuando cumplí 17 años mi madre me llamó a la cocina. De repente, sin saber cómo, se había hecho mayor. Sacó un pequeño fajo de billetes de un pañuelo que guardaba cuidadosamente bajo el sostén y me dijo: “Llevo años fregando portales a escondidas de tu padre para ahorrar este dinero. Cógelo, es tuyo. Quiero que te vayas, lo más lejos posible. Ni tu padre, ni el pueblo y ni muchas veces y misma estamos preparados para lo que eres y lo que llevas dentro y no debes permitir que eso te destroce la vida”. Cogí ese dinero y sin despedidas ni lágrimas ni equipaje me subí al primer autobús que pasó por la carretera y que me cambió la vida.

Algunas personas necesitan crear su propia versión del mundo, como una realidad paralela, para sobrellevar su realidad que les supera. Es como si necesitaran de la magia para vivir. Yo soy una de esas personas y cuando creí que todo estaba ya perdido tuve la enorme suerte de ver que mi magia se hacía realidad. En todos los sentidos.


 Hoy en día sigo cantando canciones de amor, pero el italiano ya no es inventado, es playback. Y no llevo llevo toalla en la cabeza, que no ésto no es un spa... llevo pelucón, ¡y mis buenos dinerales me cuestan! Hoy en día ya no lloro, pero para que no se me corra el rímel, maricón, que parezco un oso panda. Hoy me miro al espejo y sigo viendo los mismos ojos asustados, pero el disfraz es otro y soy por fin la reina de la fiesta.  

jueves, 1 de mayo de 2014

La mejor noche de mi vida


“Juraría que fue la mejor noche de mi vida” canta Pablo mientras me dispongo a ver aquella película que habla de ti. Y de mi. 
Porque aunque tú no lo sepas hay canciones que hablan de mi. Y de ti. 
Porque aunque tú no lo sepas hay películas que hablan de ti. Y de mi. 
Porque hay cuadros y esculturas, hay poemas y danzas que escriben nuestra historia por mi. Y por ti. Aunque tú no lo sepas.  

martes, 15 de abril de 2014

Fotomatón


Hoy volví a tropezar por causalidad con esa foto de la que nos reímos hace días. Esa que cuando miro me dan ganas de achucharte de nuevo. Esa foto tuya de pequeño en la que no miras a cámara, porque tu madre, antes de correr esas cortinas del fotomatón que separan la realidad de la ficción se le olvidó ajustar la altura del taburete e indicarte dónde debías mirar. Esa en la que tu mirada está perdida y sonríes de lado. Como ahora sigues haciendo a veces tras las cortinas que separan tu realidad de mi ficción.
A veces todos somos esos niños a los que la vida nos parece como un taburete a los que le falta un par de vueltas para estar a la altura.
A veces todos como esos niños que no sabemos dónde mirar porque hemos perdido el objetivo.A veces todos miramos con ganas a los niños que sonreís de lado y os mordéis el labio. De esos niños que se acercan a mi y me siento dichoso, porque de ellos sí que será el Reino de mis Cielos.  

lunes, 10 de marzo de 2014

10M


Esta mañana he vuelto de pasar el fin de semana en Madrid. Esta mañana, llegando a la Estación de Puerta de Atocha y frente al monumento a las víctimas al que me es imposible ignorar he caído en la cuenta de que hace justo 10 años volvía de Madrid también un 10 de marzo. A la mañana siguiente me despertó el llanto de mi madre ante el horror de las imágenes ya imborrables del 11M. Ahí estuvimos los dos horas, frente al televisor y con un nudo en la garganta y el garganta mientras a escondidas borraba de mi mente el pensamiento casi culpable de "podría ser yo".
Hoy, por puro azar y por esos caprichos que tiene la vida veté tuba saber porqué he vuelto a repetir el trayecto en AVE. Y al recordar este triste décimo aniversario ha vuelto el nudo a mi garganta y a mi alma. 
A veces la vida tiene una manera extraña de mandar sus mensajes...